Mar Romera, especialista en temas educativos, cree firmemente que el aprendizaje comienza antes del ingreso a la escuela. Para ella, todo empieza desde el embarazo, ya que en ese momento el entorno ya tiene influencia sobre el desarrollo del bebé. Su manera de entender la educación va más allá de enseñar materias; se trata de acompañar, cuidar y ayudar a construir la personalidad y emociones desde los primeros instantes de vida.
En sus intervenciones y publicaciones, recalca que los primeros años son clave en la formación de cada persona. Durante los primeros mil días, desde la gestación hasta los dos años, el cerebro se va formando a través de los lazos afectivos, la sensación de seguridad y el cariño recibido. Estas vivencias iniciales dejan huellas que marcan el futuro. Por eso, para Romera, enseñar no es solo cuestión de palabras o libros, sino un proceso que empieza mucho antes de aprender a hablar o leer.
La base es la educación emocional
Mar Romera defiende una forma de enseñar centrada en las emociones. Cree que tanto en casa como en el aula, es importante que los niños aprendan a identificar lo que sienten, a ponerle palabras y a aprender a manejarlo. No se trata de esconder o ignorar lo que les pasa por dentro, sino de guiarles para que lo comprendan. Para ella, enseñar a un niño a entender su tristeza o su enfado tiene el mismo valor que enseñarle matemáticas.
Según su visión, lo más importante en los primeros años es fortalecer la parte emocional. Solo cuando esa base está construida, el aprendizaje académico tiene sentido. Sentirse protegido, tener una relación cercana con los adultos, confiar en sí mismo y recibir cariño son elementos esenciales en esta etapa. Un niño que se siente querido y respetado tendrá más capacidad para aprender cosas nuevas y afrontar dificultades con mayor fortaleza.
Su propuesta se basa en cuidar primero al niño como persona, dándole el espacio necesario para crecer desde dentro. Lo emocional no es un complemento, sino el punto de partida para todo lo demás. Cuando un niño se siente bien consigo mismo, su disposición a aprender mejora de forma natural y más duradera.
La familia es fundamental en la educación
Mar Romera destaca que el hogar es el primer lugar donde se aprende. Los padres, madres y cuidadores no solo brindan cariño, sino que también enseñan con su forma de actuar, hablar y transmitir valores. La manera en que un adulto se relaciona con un niño influye mucho en cómo este entiende el mundo. Por eso, no se puede dejar toda la educación solo en manos de la escuela; la participación de la familia es fundamental.
Es importante observar, escuchar y respetar el ritmo propio de cada niño durante su crecimiento. No conviene apresurarse para enseñar temas escolares antes de que estén listos. En vez de eso, se debe acompañar el desarrollo natural. Actividades diarias como preparar juntos la comida, contar historias o atender sus sentimientos son oportunidades para educar. Cada acción cotidiana tiene un efecto formativo cuando se realiza con atención y dedicación plena.
Los adultos también deben tener una buena educación
Mar Romera insiste en que educar a los niños implica también una transformación en los adultos. No se puede acompañar el desarrollo infantil si los propios educadores o padres no han hecho un trabajo personal. Por eso, en sus conferencias pone tanto énfasis en el autoconocimiento del adulto, en su capacidad de regular sus emociones, en su disponibilidad para escuchar y observar.
Si quieres saber más, puedes contratar las conferencias de Mar Romera a través de MT Consulting, la cual se encargará de gestionar su participación en eventos educativos, congresos o jornadas formativas. Sus intervenciones no solo inspiran, sino que también ofrecen herramientas concretas para transformar la práctica educativa desde la infancia.
El colegio debe adaptarse al menor
Ella cuestiona duramente los modelos educativos que buscan que todos los estudiantes sean iguales, sin considerar las diferencias ni el ritmo individual de cada uno. Plantea que la enseñanza debe enfocarse en las necesidades del alumno, no solo en transmitir contenidos.
En sus exposiciones, destaca que los niños no deben tratarse como adultos en miniatura, ya que sus cerebros y emociones se desarrollan de forma diferente. Por eso, señala que la escuela debería ser un lugar que respete los tiempos propios de cada niño, sin apresurarlos. Aprender no significa competir; cada estudiante necesita espacio para explorar, equivocarse y crear conocimientos según su propio ritmo, sin temor a cometer errores.
La educación no depende de edad
La experta señala que la formación de los niños no comienza en un momento concreto, sino que está presente desde el primer instante de vida. Cada gesto, palabra o caricia contribuye a su desarrollo. No es necesario esperar a la escuela para iniciar este proceso fundamental.
Los aprendizajes esenciales también se dan antes de que el niño pueda hablar. Durante los primeros meses, el bebé empieza a establecer confianza, conecta a través de la mirada y encuentra consuelo en el contacto con quien lo cuida. Aprende que sus necesidades son reconocidas y que su existencia importa. Este vínculo emocional es la base sólida sobre la que se construyen futuros conocimientos y habilidades. Así, la educación es una experiencia continua que empieza desde el primer día.
Educación a través del juego
Jugar no es simplemente un pasatiempo sin importancia, sino el método natural que usan los niños para descubrir el mundo. Al hacerlo, ponen en práctica la creatividad, el diálogo, la exploración y la solución de desafíos. Esta actividad facilita que lo aprendido tenga sentido porque une sentimientos con conocimientos.
Por esta razón, es fundamental que tanto en el hogar como en el colegio se le dé prioridad al juego. No se trata solo de ofrecer momentos libres, sino de reconocerlo como un recurso educativo valioso. El acto de jugar no debe considerarse un privilegio ni una recompensa tras cumplir con otras obligaciones, sino como una necesidad esencial para el desarrollo emocional y biológico del pequeño que merece ser valorada y estimulada.








































